Madres adoptivas y permisivas

Porthidium porrasi juvenile head, White-Tailed Hognosed Pitviper, snake

Un pichón de vaquero ojirrojo y un pinzón cabecilistado

Unas semanas atrás mientras cocinaba escuché en el jardín un piar agudo, ruidoso, demandante, y continuado que parecía reclamar una atención constante. Sin dudarlo, salí con mi cámara y capté una curiosa escena. Un pichón de vaquero ojirrojo, también conocido como Pius, perseguía y reclamaba sin cesar alimento a una pinzona cabecilistado, es decir, a una especie de ave diferente. Era muy evidente que ese pichón oscuro y gritón no era hijo de esa pinzona discreta y tímida, a la que ya había visto en ocasiones por el jardín.

La pobre pinzona andaba estresada con tan incesante cantinela, tanto como para tomar un pedacito de banano y de pico a pico alimentar a su negro perseguidor. Normalmente estos pinzones no se dejan ver fácilmente. Se alimentan en el suelo y entre ramitas de arbustos bajos, en busca de semillas, pequeños insectos y en ocasiones bayas silvestres. Es raro verlos comiendo banano en un área abierta.

Esta estrategia de reproducción por parte de los vaqueros ojirrojos, se denomina “parasitismo de puesta interespecífica”. En lugar de invertir en la construcción de un nido y dedicar unas semanas a atender a sus polluelos, las hembras de esta especie depositan sus huevos en los nidos de otras aves, generalmente de menor tamaño.

Así cuando la pinzona incuba los huevos, y estos eclosionan, un pichón resulta ser mucho más grande que los demás. El comienza a desplazar a otros dentro del nido, hasta el punto de tirarlos del mismo y así conseguir todo el alimento que su ¨madre adoptiva¨ es capaz de acarrear para seguir creciendo más y más.  Cuando consigue su plumaje de vuelo, el pichón ya es más grande y come mucho, y persigue a su progenitora hospedadora en busca de más y más alimento hasta que puede independizarse.

Alguna gente pensará qué los vaqueros juegan de vivos, dejando a su descendencia a cargo de otras especies de aves y haciéndola pasar apuros. La naturaleza no sabe de juicios morales. ¿Acaso nosotros los humanos no criamos vacas para comernos sus terneros?

~por Biol. Susana García

La Pinzona, Madres adoptivas y permisivas 1

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