Conciencia plena

birdwatching, mindfulness

por Susana García

En los últimos años hay una creciente tendencia a practicar el Mindfulness, una práctica esencial del budismo en la que la persona se concentra de modo intencional y consciente, atento a sus percepciones y acciones en el momento presente sin juicios o valoraciones.  Por eso me llamó poderosamente atención el libro de Claire Thomson titulado El arte de la observación de aves consciente y plena*.

Las aves nos rodean y es raro un lugar en el cual no podamos encontrarlas, pero la mayoría de las personas no les prestan atención, ya que no saben de los beneficios que conlleva el observarlas. Apreciar su canto, sus movimientos y su comportamiento nos enseña otra forma de vivir y relacionarnos con los seres vivos, aumentando nuestra capacidad de atención percibida y mejorando nuestra salud mental.

Un estudio publicado por científicos de la Universidad de Exeter en BioScience, demostró que las personas que observan aves a diario, aunque sea en breves periodos de tiempo,  tienen menor riesgo de padecer depresión, ansiedad y estrés. Tan sólo detenerse a apreciar el canto del yigüirro ante las primeras lluvias, o el sonoro  llamado “Qui-oró oró- oró- oró del tucán de pico marrón, reduce los niveles de cortisol de nuestro organismo, y por lo tanto nuestro estrés. Por eso la diferencia entre oír y escuchar,  entre ver y observar, es fundamental para armonizar con la naturaleza.


A Bird Watcher’s Dream El Sueño de un Pajarero aves Hacienda BaruLa paz interior no es el único beneficio de esta práctica. La observación de aves mejora la concentración, los reflejos, la memoria tanto visual como auditiva, la capacidad de clasificación, la apreciación, y por supuesto, el placer, con la liberación de serotoninas ante encuentros anhelados o inesperados. Esta actividad además nos enseña a aceptar que no tenemos el control de lo que ocurre a nuestro alrededor, pues aunque muchas veces busquemos una especie determinada, se escapa a nuestro control el poder encontrarla con un 100% de garantía.

 

Así pues, anímese, no hay que ser un ornitólogo experto, o un “fiebre” para ser capaz de identificar una u otra de las más de 900 especies registradas en Costa Rica.  Basta con respirar profundo, concentrarse activamente  y poner todos nuestros sentidos alerta para descubrir a estos ligeros compañeros de vida, apreciar sus enseñanzas y dejarnos sorprender por su inteligencia.

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Publicado en Observación de Aves y Ornitología.